

Ventomedio se hunde sin esperanzas, repiten los habitantes de Ventomedio, escenario del último y más largo de los cuentos del volumen Algunos de los otros, de Ramiro Sanchiz, pero también lugar clave en una narrativa única.
Sanchiz aporta otra serie de piezas a su gran puzzle literario: la historia de un tal Federico Stahl, quien supo ser poeta beatnik, escritor de ciencia ficción, discípulo del famoso Emilio Scarone (el autor de El sueño de Tesla) y guitarra líder del grupo Space Glitter, entre otras cosas. El problema, como saben quienes vienen siguiendo la obra de Sanchiz, es que no necesariamente todas estas encarnaciones de Stahl son la misma; por el contrario, el núcleo de la cuestión está en la cantidad de iteraciones posibles de una misma persona que habita en una cantidad de universos paralelos, y que de tanto en tanto, se cruza consigo mismo, o encuentra huellas de los otros Stahls, como si fuera un antropólogo cósmico por siempre en busca de sí mismo.
El Federico Stahl rocker ya fui introducido en la novela Perséfone (Estuario, 2009), editada en Uruguay y próximamente en la Argentina. También se lo pudo ver en Lineal, novela editada en únicamente en España por el momento. Y rondaban hasta ahora una serie de cuentos que se puede leer gratuitamente en varias revistas literarias, entre ellas Axxon, Narrativas y Otro Cielo, además de un par de ediciones con la Propia Cartonera de Uruguay y Meninas Cartoneras en España.
Algunos de los otros presenta por primera vez una colección de diez cuentos que se complementan, unos retomando líneas argumentales aparentemente cerradas en relatos previos, tejiendo intertextualidades con el resto de la obra de/sobre Stahl y abriendo puertas a lo que solamente pueden ser próximas aventuras de cualquiera de las versiones del ubicuo protagonista.
Revisando los relatos en el orden dado, encontramos que abre con el cuento “Constelaciones”, probablemente uno de los textos menos luminosos del libro. Hay un manejo de los trucos borgeanos y cortazarianos que hace eficaz la transformación que comienza cuando los personajes A y B encuentran una serie de fotos de otra gente en tal cantidad que empiezan a obsesionarse con la cuestión hasta llegar a una revelación que puede anticiparse desde el momento en que se sabe en que núcleo del cuento fantástico rioplatense está inscrita esa historia. El cuento funciona porque Sanchiz sabe escribir y conoce tanto el género como su lenguaje, pero hay una suerte de desdén por la trama que se nota desde el momento en que los personajes funcionan apenas como parte de una ecuación matemática (desde la carencia de nombres hasta las figuras que trazan). Se trata de un cuento de esos que son bien recibidos en los concursos por su efectividad clara y concisa, pero no aporta nada a la obra esencial del autor. Enseguida aparece el segundo relato, “Estrategias” y ahora la cosa se pone seria: dejando de lado el cuento anterior como una suerte de aperitivo, acá nos encontramos con el mencionado Federico Stahl, que en este caso se las tiene que ver con una auténtica diosa, la mujer tan hermosa e intrigante que bien podría ser una epifanía o una divinidad. Al comienzo Stahl declara que nunca ha sido bueno con las tácticas para “levantar chicas”. Cuando conoce a la misteriosa mujer, consigue llevarla a su casa y acostarse con ella, pero la posibilidad de un nuevo encuentro terminará por decidirse partida de ajedrez mediante. Fanático declarado de Tolkien, Stahl tiene un tablero con fichas que imitan a las figuras más memorables de la saga de El señor de los anillos: de un lado los peones son Hobbits, un par de variantes de Minas Tirith hacen las veces de torres blancas y Aragorn y Arwen son rey y reina. A medida que la partida se despliega y Stahl apuesta su suerte con la diosa, el juego lingüístico que vincula la narración de la partida con la imaginería de Tolkien es un ejemplo virtuoso del trabajo con la intertextualidad y la elipsis.
“Yocasta” es una vuelta de tuerca contemporánea al famoso Edipo Rey de Sófocles. Aquí el protagonista se ve aturdido por dulces sueños en los que su novia es también su hermana. En el viaje a la casa de la chica, repasa como una y otra vez se ha sentido atraído incluso por la madre de su novia, y este entuerto entre sueños y vigilias no puede terminar bien tampoco al día de hoy, sin privarnos antes de algunas escenas eróticas perversamente logradas.
Todavía mejor se pone cuando pasado el breve interludio que es el cuento “Caminos” (un desprendimiento de la novela Perséfone), llegamos a “Malos recuerdos de Thiago Pereira, poeta”. Hay una ligereza bien entendida, un paso doble humorístico (humor dentro del universo Stahl, lo que no implica el humor como lo entienden los demás mortales necesariamente) que relata el encuentro de Federico con Thiago Pereira, un poeta de mala muerte que se supone a la vanguardia de algún movimiento y viene trabajando por meses en un proyecto que implica la traducción de las letras de Björk al castellano. La recreación del ambiente y una vez más, el manejo impecable del ritmo y las elipsis justas para que la narrativa fluya y, a la vez, logre comprimir en algunas frases sueltas imágenes muy precisas de ambiente y escenografía, hace de este uno de los puntos salientes del libro.
“El avance” es otro de los cuentos cortos que hace que Algunos de los otros sea en cierto modo un volumen incompleto. Estos relatos breves hacen manifiesta la necesidad de otros relatos. Uno puede imaginar, como a la vieja usanza, cuando Borges o Cortázar reeditaban sus volúmenes de cuentos, agregando a veces hasta el doble de títulos, que este libro debería correr una suerte similar. Casi todo lo que está, está bien, pero a medida que pasan las páginas y uno se adentra en el universo Stahl, empieza a encaramarse como las esporas del cuento a la superficie —en este caso narrativa— y el espacio es insuficiente.
“El cuento vaciado” es probablemente uno de esos textos que harán las delicias de los jurados que aman toda intención de poner de manifiesto los límites de la literatura. En este caso, como ocurre con “Constelaciones”, no termina de justificar su lugar en el libro. Está bien, aquí sí está presente Stahl con nombre y apellido y aparecen de manera manifiesta algunas de las influencias de Sanchiz, pero volvemos al tema de la cantidad. Un texto así, en un volumen de 300 páginas hubiera sido una suerte de excentricidad interesante. Pero en un libro que se lee con adicción y por lo tanto, se agotará rápidamente, la sensación imperante es que se ha malgastado un puesto. Como un equipo de fútbol, sólo hay lugar para once tipos en la cancha, entonces más vale que no sólo sean buenos, sino que formen el mejor equipo posible, la mejor integración de una idea futbolística. Dentro del marco de este volumen, “El cuento vaciado” ocupa el precioso lugar que debiera haber sido de otro de los tantos excelentes cuentos que Sanchiz tiene dando vueltas por ahí.
Pasando otra suerte de interludio, en este caso, de un estilo más lírico (“Los años”), aparece otro de los puntos altos de esta colección: “Breve historia de la realidad (1800-2007)”. Este cuento, que adopta una forma seudoenciclopédica muy curiosa pero efectiva, comienza con la historia de dos hermanos yanquis que deciden transportar un millar de esclavos a la Patagonia Argentina para fundar una ciudad nueva. Los planes se desgracian, pero la semilla queda, y a los largo de 200 años, una serie de personajes se va apropiando de esta historia, algunos creyéndola apenas una leyenda, otros convencidos de su veracidad. Se puede escuchar un eco lejano, probablemente impensado por el autor, del libro de Manuel Mujica Laínez, “Aquí vivieron”. Si en ese volumen de cuentos todos los relatos tienen en común un lugar físico a lo largo de casi 500 años (cada relato centrado en un personaje diferente que hubo de habitarlo), en “Breve historia de la realidad…” el suelo es reemplazado por la más impalpable historia/leyenda, y es alrededor de esta que bailan los sucesivos personajes, todos pintorescos y excelentemente expuestos, con la fuerza de la brevedad contundente.
El plato fuerte del libro es “Sobre desayunos y entropía”, un cuento largo (ocupa un tercio del libro) que narra las desventuras de alguien que únicamente es identificado como un agente, y cuya misión ha sido siempre —y es en el momento en que lo conocemos—, el esparcir ciertas esporas cuya germinación debe cuidar hasta que… hasta que se logre el resultado esperado. El agente recorre en este caso Ventomedio, ese lugar que se hunde sin esperanzas, y Sanchiz va entretejiendo una mitología mucho más anclada en el terreno de la ciencia ficción (con una referencia imperdible a la Dharma Initiative de Lost), sugiriendo la acción de alienígenas, de ciudades que crecen con la mirada del lugareño o por el contrario, se deshacen como una mala escenografía en el momento en que los habitantes deciden que la ciudad no es más que un pueblucho de mala muerte. Y es en estas páginas que el autor ata varios cabos sueltos de otras de sus ficciones (algunas dentro del propio libro) a la vez que genera nuevas perspectivas para su futura producción. También trabaja con el cuento dentro del cuento: uno de los personajes narra uno de sus relatos favoritos, y este tipo de dispositivos Sanchiz los maneja con una suficiencia envidiable.
Finalmente, Algunos de los otros es uno de esos libros que le niegan al lector otra posibilidad que la adicción a la prosa de su autor. Contiene al menos cuatro o cinco obras maestras de su peculiar producción y es un buen punto de partida para quienes quieran acercarse a conocer la obra de uno de los autores con futuro más promisorio de las letras hispanas del siglo XXI.

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